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Freddy Mamani el Alteño que impuso una nueva arquitectura andina

05 junio 2015 | 13:17

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Freddy Mamani Silvestre, Ciudad de El Alto
En medio de los martillazos y del sonido estridente de los taladros, y cubierto del polvillo típico que está presente en todas las construcciones, Freddy Mamani Silvestre da algunas indicaciones a sus obreros que construyen un edificio de siete pisos y que abajo, como la mayoría de los que construye, serán locales comerciales para alquilar. 

Una pared blanca sirve para dibujar el plano. Allí les explica los detalles de la obra. “Ellos conocen los dibujos, porque siempre he trabajado con las mismas personas”, cuenta el arquitecto.

El Alto es su territorio. Allí, mientras uno recorre las avenidas, va adivinando cuál es el edificio que ha sido construido por Freddy. Son vistosos, coloridos y con formas geométricas que rompen el paisaje agreste que los turistas acostumbran ver cuando bajan desde el aeropuerto de El Alto hasta La Paz.

Si bien no es el creador del estilo en sí, Freddy es el mayor exponente de esta tendencia arquitectónica que comercialmente y a escala mundial, ha sido denominado como cholets.

Desde hace más de 20 años, la ciudad más joven de Bolivia es el espacio donde esta arquitectura emergente, como la llaman los estudiosos del área, ha roto la monotonía de las construcciones típicas que habían en el lugar. Incluso, esta tendencia ha traspasado fronteras internas y externas, pues se sabe que en Santa Cruz ya se han construido este tipo de obras.

Pero Freddy prefiere llamarlo como un estilo arquitectónico andino. “Como es la identidad de nuestro pueblo, estoy buscando un término que sea reconocido a nivel mundial porque esta arquitectura es for export”, explica mientras conduce de una obra a otra en su camioneta de una cabina Toyota Stout del año 93. 

“No tengo casi tiempo, ahora estoy construyendo 15 obras. Hay días que ni siquiera almuerzo”, relata.

¿Y a qué se refiere cuando habla de identidad en sus obras? El arquitecto, que comenzó como albañil, señala que él tiene dos inspiraciones: las formas geométricas de la cultura tiwanacota y la policromía de colores en los tejidos del altiplano.

No siempre tuvo el éxito que hoy tiene y aunque los clientes digan que lo han buscado más que todo “porque está de moda”, la experiencia de este constructor se remontan a Catavi, el pueblo que lo vio nacer.

Freddy y sus hermanos jugaban con barro construyendo imaginariamente barrios y ciudadelas. 

En busca de mejores días
Cuando Jorge Mamani, el padre de Freddy salió bachiller de Catavi, decidió emprender viaje a La Paz para buscar mejor sustento económico y poder mantener a sus seis hijos.

A los seis años, Freddy conoció otra forma de vida. Dejó atrás lo que hasta ese momento era su mundo. El campo donde sus padres criaban ganado y se dedicaban a la agricultura. 

“Mi padre comenzó a trabajar en la construcción y los fines de semana nos llevaba a la zona sur para que lo acompañemos en las obras”, cuenta.

Como su padre no se sentía muy habilidoso en este rubro, ingresó a la Normal de Caracollo para graduarse luego como profesor y trabajar en el área rural.

“Nos abandonó por varios años, solo venía cada dos o tres meses a controlarnos y ver cómo estábamos” relata.

Freddy toma el rol de padre y decide que quiere ser alguien en la vida. Al graduarse ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés a estudiar la carrera de técnico en construcción civil mientras trabajaba como contratista. Luego, estudió Ingeniería Civil y finalmente Arquitectura en la Universidad Boliviana de Informática.

“Una vez que me titulé emprendí a revolucionar la nueva tendencia arquitectónica”, dice. 



Freddy, la persona
Freddy está casado con Mary Mamani y es padre de Freddy (8), Mary Luz (6), José Alejandro (3) y Jorge (8 meses).

En el poco tiempo libre que tiene, le gusta estar con su familia, que durante la semana casi no puede ver. No es de salir a fiestas ni de practicar algún deporte, pero le agrada viajar al campo cada que puede.
“Con mis trabajadores cada 1 de mayo nos vamos al campo a festejarnos”, relata.

Considera que la hora de trabajo de Freddy Mamani no tiene costo. Si bien nunca se ha puesto a pensar en este asunto, añora con que hayan “unos 12 Freddy Mamani más para que hagan mis actividades” (risas). Y es que mientras transcurre la entrevista, él se dirige a tres obras para ver cómo van los avances.

Fuente: El Deber
 
Orgullo Juvenil Alteño (O.J.A.): Ciudad de El Alto - La Paz - Bolivia
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